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Para se registraron 26 migrantes; en eran 35 ; en eran 57 ; y ya en el la cifra ascendió a 62 Fabre Hidalgo es un estado que presenta una población indígena extensa. El grupo indígena que presentó mayor migración fue el de los otomíes: Es posible saber qué cantidad de hogares receptores de remesas en Hidalgo eran de origen indígena -tomando el criterio lingüístico de la CONAPO en En cifras, se habla de unos 5 hogares otomíes frente a hogares nahuas.

Dichas entidades son: Su extensión territorial es de De los 84 municipios que tiene el estado de Hidalgo, sólo 27 pertenecen a la región de El Valle del Mezquital. Dichos municipios son: El Valle del Mezquital es una región que se encuentra en el estado de Hidalgo, y tiene como centro a la cabecera municipal de Ixmiquilpan. Posteriormente, en la década de los setenta Roger Bartra realizó investigación antropológica.

Mapa 2. Región de El Valle del Mezquital. En ambos periodos, los otomíes se dirigieron principalmente al Distrito Federal y estuvieron caracterizados por tener una presencia predominantemente femenina.

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Como ya se ha mencionado, esta migración internacional fue en un inicio predominantemente masculina. Tal como lo apunta en su investigación James Dow , los otomíes tienen y han tenido una tradición de migración interna e internacional: Los hombres pueden trabajar por jornadas diarias y las mujeres como empleadas domésticas en la Ciudad de México y municipios aledaños del Estado de México. También hay migración a los Estados Unidos. Muchos van a Florida a trabajar en la agricultura. Dado que la mayoría de los migrantes con mayor trayectoria son hombres, en estas comunidades ñähñü un alto porcentaje de hogares tienen jefatura femenina.

Los migrantes suelen regresar a las fiestas de sus poblados de origen Dow , traducción de P. Torres 13 La migración laboral -nacional e internacional- parece ser la clave o la alternativa económica que han adoptado la mayoría de las familias otomíes en la actualidad y desde la década de los noventa del siglo pasado para el sustento familiar y comunitario Rello y Saavedra Esta migración a Estados Unidos data posiblemente desde antes del Programa Bracero , pero en la década de los noventa se presentó una migración importante que llevó a muchos de ellos a la ciudad de Clearwater en Florida.

Mirian Solís y Patricia Fortuny han estudiado a la comunidad transnacional de Santa Teresa Daboxtha -del municipio de Ixmiquilpan, Hidalgo-, misma que se ha asentado recientemente en la ciudad de Immokalee en Florida. Este estudio -de corte antropológico- da cuenta de cómo los otomíes han creado una comunidad transnacional, la cual les ayuda a hacer frente a los rechazos y a la discriminación que reciben en el extranjero. Estas estrategias se ven reflejadas en el aumento de su capital social, mismo que les permite adaptarse a nuevos espacios y crear redes sociales de apoyo.

There is also migration to the United States. Many go to Florida to work in agriculture. Since most long-term migrants are men, a higher percentage of female-headed households are found in these latter ñähñü communities. Esto es debido a la cantidad de migrantes otomíes viviendo en Estados Unidos. Se calcula que, desde comenzó la migración hacia la ciudad de Clearwater, Florida, misma que se intensificó en la década de La migración hacia Estados Unidos es una alternativa que se ha expandido en la mayor parte de las familias hñähñü para diversificar los ingresos.

En consecuencia, se han consolidado fuertes redes migratorias desde la década de los noventa del siglo pasado: La migración que este grupo indígena realiza en la actualidad por diversos estados y ciudades de Estados Unidos debe ser estudiada desde sus particularidades, pero también desde las relaciones y conexiones que existen dentro de los circuitos migratorios otomíes al interior de ese país.

En su libro Y, se fue… cita a algunos estudios pioneros sobre la migración de los otomíes. En adición, de las estadísticas propuestas sobre migración para el caso del municipio de Ixmiquilpan generadas a través de la Encuesta de Migración Internacional en la Frontera Norte EMIF , se destaca que: El Esta primera información de corte cuantitativo brinda datos que permiten ubicar, en un primer momento, a la población de migrantes otomíes.

Los datos de corte cualitativo presentados en los apartados y capítulos subsecuentes nos ayudan a complementar la información que nos brinda Serrano Cabe señalar que las investigaciones que se han realizado in situ sólo han abarcado, por el momento, la región del estado de Florida. Census Bureau Texas es un Estado en donde la población latina o hispana es predominante en relación con otros estados que la presentan en menor medida. El siguiente mapa da cuenta de la aseveración anterior ver mapa 4.

Mapa 4. Porcentaje de hispanos o latinos habitando en todo Estados Unidos. Chicanos in North Texas habla de los diversos espacios que los mexicanos-norteamericanos han abierto para hacer frente a las violencias que han experimentado debido al racismo y a la criminalización de sus familiares mexicanos.

La población de trabajadores mexicanos en la ciudad de Fort Worth se remonta al año de , cuando se inaugura el primer rastro y empacadora de carne en la región ganadera. Hoy en día se puede reconocer que: En el norte de la ciudad de Fort Worth, entre la Main St. Se registraron grupos pertenecientes a 17 entidades federativas de México, entre la que figura el estado de Hidalgo.

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Este estado reportó tres organizaciones: Es importante aclarar que los otomíes de Ixmiquilpan -que fueron entrevistados en la Metroplex de Dallas-Fort Worth- no pertenecen a estas organizaciones; asimismo no existen registros de otomíes de Ixmiquilpan que hayan conformado clubes de oriundos en esa región del Norte de Texas. Esta región cultural fue estudiada desde la década de los cincuenta por los primeros antropólogos, como Manuel Gamio , quienes deseaban implementar políticas indigenistas con el propósito de generar una aculturación de los otomíes a la economía y a la nación mexicana.

En sus palabras: Ixmiquilpan En ellos se habla de las principales características culturales y sociales de los pueblos otomíes de El Valle del Mezquital. Aunque los estudios mencionados han tenido como eje la riqueza étnica y cultural de los otomíes que viven en esa región, el tema de la pobreza y de la migración han sido recurrentes. Esto llama la atención, pues se trata de procesos migratorios antiguos que se han ejercido primero en un perímetro cercano, en donde figuraron como destinos migratorios las ciudades de: México, Querétaro y Pachuca.

Desde mediados de la década de los setenta del siglo pasado, las familias otomíes de El Valle del Mezquital han buscado estrategias de sobrevivencia en la migración a Estados Unidos. No es casual que se seleccione a algunos de los miembros de la familia para realizar este desplazamiento. Sin embargo, este pueblo indígena ha tenido una larga historia de despojos, aislamiento y pobreza, circunstancias que los han llevado a desarrollarse en las periferias.

Desde inicios del siglo XX, los otomíes han encontrado la salida a la pobreza en el trabajo migratorio. La organización social comunitaria es rotativa, tiene duración de un año, y todos los oriundos del pueblo deben ser parte de ella. Como parte de la misma se fijan cooperaciones de dinero para el cuidado y mejoramiento de instituciones instalaciones que son: La gran mayoría de los otomíes que salen a trabajar fuera de su pueblo mantienen el vínculo con su organización social comunitaria durante la migración.

Estos vínculos comunitarios y familiares son exclusivos para los hombres. Los otomíes llegaron a Texas desde la década de atravesando la frontera con México por el desierto. La mayoría cruzó por la frontera de Ciudad Acuña, Coahuila, aunque otros pasaron por diferentes puntos de la frontera. Los que pasaron caminando por este punto caminaban de entre seis y siete días por el desierto hasta avistar los primeros ranchos que se encontraban al sur de la ciudad de Dallas. Entrevista a Pepe. En muchos casos, ésta les permitía pagar sus deudas y comenzar a enviar remesas a sus familiares que estaban en El Valle del Mezquital.

Algunos se cambiaban de ranchos y al final decidieron adentrarse en las ciudades.

Yo no era de ciudad, puros ranchos. Me fui a la ciudad hasta los años ochenta. Me fui a Hillsboro y de ahí a Dallas. Ahí hay personas de varias partes de Ixmiquilpan. Llegamos en la frontera y pasamos el siguiente día. Llegamos a un basurero y encontramos un pastel, teníamos mucha hambre. Fuimos a caer hasta San Angelo, Texas, en un rancho. Ahí vivíamos en un granero, y como si anduviéramos en México, no había luz, hacíamos ahí la lumbre para cocinar.

Y trabajamos deshierbando y haciendo cercas. Y ahí trabajé todo el tiempo. Para los otomíes no fue sencillo ir a Texas. El costo del trayecto y la distancia fueron factores que convirtieron en una aventura el cruce migratorio, sobre todo para los hombres jóvenes que deseaban probar suerte en Estados Unidos. El cruce fronterizo se realizaba en grupos pequeños integrado por familiares, amigos y conocido.

Antolín relata cómo llegó a trabajar por primera vez a Estados Unidos en En ese entonces tenía 16 años e iba acompañado por un amigo de su misma edad, también del pueblo de San Juanico: Para no sufrir hambre agarramos maíz de ese que le ponen a los venados. Nosotros lo echamos en una bolsa y ya íbamos comiendo maíz. Fueron como 6 días, recuerdo que venía yo hasta llorando… Entrevista a Antolín. En el caso de la migración otomí a Texas, encontramos que muchos llegaron a temprana edad a trabajar en ranchos que se encontraban en el centro de este estado, principalmente en San Angelo.

Estos hombres, al obtener la documentación que los avalaba como residentes en Estados Unidos por efectos de la amnistía que se llevó a cabo en el año de , comenzaron a desplazarse hacia el interior de las grandes ciudades de Texas en busca de empleos mejor remunerados. Esto porque las condiciones eran diferentes a las que habían encontrado en los ranchos. Entre los retos que encontraron se cuenta que: La migración de lo otomíes en las ciudades de Texas devino en una red étnica consolidada que ha funcionado -principalmente para los hombres- y por la cual fluyen recomendaciones y ofertas laborales.

La red sigue operando hasta la actualidad. En la Metroplex se buscó a señores que hubieran migrado en la década de los setenta a esa zona, pero no se hallaron tantos migrantes de esa primera oleada migratoria pues muchos ya han regresado a vivir a El Valle del Mezquital. Los parientes de esa primera generación de migrantes en Texas hoy día siguen trabajando en diversas regiones de Estados Unidos.

Por ejemplo, Antolín que vive en Garland, tiene un trabajo que le demanda cambiar de residencia temporalmente. Tengo amigos de Ixmiquilpan… Muchos que pasan por aquí por Texas, y van a Florida. La poca frecuencia con la que se ven o se comunican hace que algunos dejen de tener comunicación. Muchos hombres otomíes que entrevisté en Texas se vieron beneficiados con la Amnistía de , con la que lograron obtener papeles como residentes bajo el programa IRCA. Algunos de ellos han lograron regularizar el estatus migratorio de sus familiares por medio de abogados, lo que ha posibilitado la reunificación familiar en Estados Unidos.

Los hombres indocumentados que planearon la reunificación familiar en esas décadas, lo hicieron a sabiendas que tanto sus hijos como la esposa tendrían que pasar por el desierto o con coyote. Ello implicó un factor de riesgo elevado para esta población de mujeres y niños que realizaron el cruce migratorio después de los hombres. Por lo expuesto con anterioridad, hoy día las familias otomíes que habitan en la Metroplex tienen estatus migratorios mixtos. Algunos tienen documentos de residencia -gracias al programa de IRCA-, otros tienen documentos de ciudadanía americana, unos pocos permisos DACA y una buena parte se encuentra como indocumentados -este es el caso de la mayoría de las mujeres-.

Las historias de migración de Isabel y Candela Durante década de los setenta y ochenta el fortalecimiento y diversificación de las redes masculinas de migrantes otomíes de Ixmiquilpan en las ciudades de Texas, y en específico en la Metroplex de Dallas-Fort Worth DFW , favoreció el panorama y las expectativas laborales de las mujeres otomíes. Las mujeres comenzaron a integrarse en la migración internacional a finales de la década de los ochenta, aunque fue en la década de los noventa que aumentó la migración femenina.

Ellas tenían ya experiencia en la migración nacional hacia las grandes ciudades como Pachuca, Querétaro y la Ciudad de México, pero la posibilidad de ganar un sueldo en dólares fue un incentivo mayor para que las mujeres solteras realizaran un desplazamiento laboral hacia Estados Unidos, estas mujeres solteras eran menores de edad al realizar el cruce migratorio. Por su parte, las mujeres que estaban casadas y tenían un conyugue viviendo en Texas decidieron migrar por reunificación familiar para alcanzarlos, algunas de ellas llevaron consigo a sus hijos pequeños nacidos en México, y otras los dejaron encargados con sus madres en sus pueblos natales.

Ya fueran solteras o casadas, las migrantes no estuvieron solas para emprender el viaje a Estados Unidos.

Todas tenían familiares cercanos que ya estaban asentados en Texas y que estuvieron dispuestos a apoyarlas de diversas formas. Entre estas destacan: Si bien las historias de migración de las mujeres otomíes son diversas, al menos existe un patrón similar en tanto al apoyo que encontraron con familiares varones -hermanos, esposos, padres, primos- que ya estaban asentados en Texas. Estos compartieron con ellas sus experiencias previas para vivir y trabajar en DFW. Para entender en palabras de las mujeres este proceso migratorio se presentan los casos resumidos de dos otomíes con las que se tuvo la oportunidad de contactar y entrevistar en la Metroplex de DFW.

Ambas llegaron a esta zona en la década de los ochenta del siglo pasado. Se trata de las primeras mujeres otomíes migrantes de las que se tiene registro en la ciudad, por lo cual es importante rescatar sus historias migratorias. Su padre se dedicó a ser comerciante desde muy joven y así fue como conoció a la madre de Juana y después se casaron. La madre de Isabel es hablante de español y su padre es bilingüe, habla otomí y español. Desde chica, Isabel le ayudaba a su madre a preparar y vender tamales y comida corrida, así como barbacoa los fines de semana. Su padre y sus hermanos se dedicaban a la ganadería; es decir, a la compra y venta de chivos, borregos y puercos en Ixmiquilpan.

Los padres de Isabel nunca migraron a Estados Unidos, aunque sí tuvieron la inquietud de hacerlo. Los que migraron fueron los cuatro hermanos varones de Isabel, que llegaron a Dallas a inicios de la década de los ochenta del siglo pasado.

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Ellos se asentaron y fueron empleados en un car whash. Él la abrazó, él ya sabía cómo caer y lo que le esperaba abajo… pero una que es la primera vez pues no sabía qué nos esperaba abajo ni como caer ni nada Entrevista a Isabel. Primero ayudó a su esposo en el car wash y después hubo la oportunidad de trabajar junto con su esposo y sus hermanos en el restaurante Fridays que abrió dentro del Globe Life Park, en Arlington -mejor conocido como el estadio de los Texas Rangers e inaugurado en el año de Isabel trabajó en ese estadio por 16 años, y desde entonces cambió su residencia de Dallas a Arlington.

Ella estaba esperanzada en que Hillary Clinton llegara a la presidencia y comentó: Ella recuerda que recién llegó con su familia a La Palma -eran sólo unas 8 o 10 familias ahí- y todos sufrían de escases de agua potable, así como de luz y drenaje. Y los otros tres grados de primaria los hice en San Juanico y después me fui a la secundaria técnica de Orizabita igual caminando también y eran entre media hora o 45 minutos Entrevista a Candela.

Como Candela fue la mayor de siete hermanos, aunque quería continuar con sus estudios, su padre decidió que fuera a trabajar a la Ciudad de México -en donde 14 Se refiere a arreglar su estatus migratorio. Es decir que ella desea dejar de ser indocumentada. Estuvo trabajando ahí durante seis meses hasta que, en , con tan solo 15 años, se fue a trabajar a Estados Unidos: Entrevista a Candela. Para poder llegar a Estados Unidos cruzó por Ciudad Acuña y duró una semana caminando en el desierto. Candela recuerda que fue una experiencia agotadora, pero con lo joven que era logró hacerlo sin problemas.

Candela regresó a México ya que Estados Unidos no era lo que ella esperaba y a los 17 años se juntó en La Palma con el padre de sus 4 hijos. El señor decidió migrar a Texas para trabajar y enviar dinero, y aunque Candela quería ir, él decidió que lo mejor era que ella se quedara cuidando a los niños. La pareja estuvo a distancia durante cuatro años y las cosas no fueron bien. El señor formó una segunda familia en Texas, abandonando a Candela y sus hijos: Al verse sin apoyo del marido para la manutención de los niños, Candela comenzó a trabajar en Ixmiquilpan en una tienda de abarrotes, pero sólo le pagaban pesos a la semana, con lo que no le alcanzaba para mantenerlos.

Aunque ella no quería alejarse de sus hijos, la necesidad la obligó en a migrar por segunda ocasión a Estados Unidos. Ella dejó a los hijos encargados con su madre y pidió a sus dos hermanos, que ya estaban en Texas, que le prestaran dinero para pagar el coyote y hacer el viaje, así como para instalarse en Plano para trabajar. Al respecto comenta: Candela rememora que le costó trabajo acoplarse en un inicio pues no manejaba y tenía que pedir rai a sus hermanos para que la llevaran y la recogieran.

Pero le digo que a los seis meses juntamos para nuestro carrito porque ya necesitaba yo. Aprendí a manejar y ya nos íbamos solitas al trabajo y ya. Y así pude sacar para mis gastos y para mis hijos porque ya ve que aquí una tiene que pagar renta y todo y pues ha sido duro, pero bendito sea Dios que nunca me ha dejado sola Entrevista a Candela. Candela trabajó siete años en cocina. En las mañanas trabajaba en restaurante ihope y en las tardes en una pizzería. Ella trabajaba para pagar los billes es decir los gastos de la renta y los servicios , para mandar a México para sus 4 hijos que estaba en la escuela, y también para las cooperaciones que el pueblo le demandaba por ser ella la jefa de familia15 en Ixmiquilpan.

Hace año y medio mandó a traer a su hija la mayor, de 22 años y a uno de sus hijos gemelos de 16 años. Candela tenía miedo de que en el trayecto les fuera a pasar algo malo, pero se animó principalmente porque escuchó que el gemelo que ya estaba por terminar la secundaria se estaba enviciando con el alcohol y dijo: Como él no quería seguir estudiando, optó por irse a Texas: Esta figura, dentro de la organización social comunitaria, tiene la obligación de cumplir con 30 años de servicios a la comunidad.

Dichos servicios van desde realizar cooperaciones anuales hasta aportar horas de trabajo para realizar proyectos de mejora y mantenimiento en el pueblo cuando así lo decida la Asamblea Comunitaria -misma que se compone por los y las jefas de familia-. Las mujeres que son madres solteras, viudas o divorciadas, pasan a ser jefas de familia, por lo que deben cumplir con las mismas cooperaciones.

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Paz Los jóvenes pasaron con coyote por Ciudad Acuña, por lo que tuvieron que caminar una semana en el desierto, y llegaron hasta Plano. Candela estaba muy contenta de reencontrarse con sus hijos después de tantos años de distancia, pero como ellos ya estaba acostumbrados a vivir solos, fue difícil acoplarse como familia. Al final optaron por irse a vivir con la hermana menor de Candela, y se ven los fines de semana o en los días festivos. A manera de conclusiones del capítulo, se reitera la importancia de rescatar que los datos cuantitativos ayudan a ubicar a la población de estudio, pero no son suficientes.

Para este estudio no se contó con datos numéricos para otomíes y menos para quienes llegaron desde Ixmiquilpan. A partir de la metodología antropológica empleada en este estudio, se estima que son entre y personas provenientes de Ixmiquilpan A falta de datos duros y desde la Antropología, se ha propuesto llenar estos vacíos de información con datos cualitativos, como son los testimonios de los otomíes que viven en Texas. La memoria de los informantes son fuente primaria de datos que nos llevan a tener algunos registros sobre el inicio del proceso migratorio de este grupo indígena en la región de norte de Texas.

En este capítulo se rescató la voz de las primeras mujeres migrantes, las cuales a través de sus testimonios dejan ver las violencias que han atravesado durante su trayecto migratorio y durante su estancia como indocumentadas en Estados Unidos. Las historias de Isabel y Candela permiten conocer las primeras migraciones femeninas de otomíes en esta región de Texas. Esto es importante porque su memoria da luces sobre esta nueva migración en las ciudades de la Metroplex, la cual no había sido estudiada hasta el momento. La resiliencia que ellas han tenido en su vida como migrantes para hacer frente a todas esas violencias dadas; un apoyo central que tuvieron estas primeras mujeres fueron las redes con familiares -en México y Estados Unidos- las cuales las impulsaron a emprender un proyecto migratorio femenino, nunca antes visto en El Valle del Mezquital, el cual ha sido de largo aliento.

Se resaltan elementos centrales de la cultura otomí y se reflexiona sobre los cambios y continuidades que tiene este grupo indígena al encontrarse inmerso en un proceso migratorio con estas características. La identidad de género es central para pensar en las experiencias diferenciadas que viven tanto mujeres como hombres indígenas en la migración. Esto implica reflexionar sobre los roles de género y su flexibilización dentro de la migración, lo que va dando espacios de autonomía a las mujeres, quienes logran obtener espacios de empoderamiento y de sororidad -apoyo entre mujeres-.

De especial interés son los cambios -si los hay- de identidad que han tenido las mujeres otomíes al migrar a la Metroplex de Dallas-Fort Worth, Texas.


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Para su examen se hace uso de diversas fuentes como son: Se comienza por repensar al concepto de identidad étnica en general para dar paso a la mirada feminista sobre la identidad cultural. El capítulo se organiza en torno al parentesco, la memoria colectiva, el complejo ritual, la lengua indígena y el territorio. En este estudio se agrega a la discusión la identidad de género, por considerar que sin ella no se entiende la identidad en su complejidad.

La finalidad es entender cómo los otomíes de Ixmiquilpan en la Metroplex de Dallas-Fort Worth aseguran su membresía como ciudadanos en sus localidades de origen. En éste, así como en los siguientes cinco apartados del presente capítulo, se realiza una conexión con estos cinco rasgos culturales que propone Giménez, para analizar el caso de los otomíes migrantes -de Ixmiquilpan, Hidalgo- que viven en la Metroplex de Dallas-Fort Worth en Texas. Comenzaremos por tocar el primer rasgo que se refiere a la valorización que dan al sistema de parentesco; éste se encuentra en la primera red de relaciones con la que todo individuo cuenta y que se caracteriza por un intercambio de afectos, apoyos y compañía que se desarrollan desde el interior de la familia extensa otomí.

El parentesco otomí genera una pertenencia étnica, lo que es fundamental para tener acceso a los diversos recursos con los que se cuenta en la región de El Valle del Mezquital. Estos apoyos entre familiares se han materializado como préstamos de dinero para costear el cruce fronterizo y también como información que se brinda por parte de los familiares que ya contaban con una experiencia previa como migrantes en Estados Unidos; la información puede ser sobre trabajos, rentas, servicios, las indicaciones para llegar a diferentes puntos de la ciudad, etcétera.

Esta naturalización de los roles de género puede ser cuestionada por las mujeres y pueden ser transgredidos y desnaturalizados. El municipio de Ixmiquilpan es parte de El Valle del Mezquital en Hidalgo y cuenta con pueblos otomíes. Las mujeres son excluidas de la Asamblea Comunitaria que es el espacio donde se toman decisiones de toda índole administración, servicios, proyectos, etcétera para la comunidad.

A los hombres se les inculca el rol de proveedores, son los herederos de los terrenos de sus padres y de las propiedades y los responsables de mantener a su familia una vez que se hayan casado con alguna mujer. Cuando se casan, su apellido se pierde, porque la identidad de género de las mujeres otomíes se da a partir del hombre. Los hombres son los patriarcas que poseen las tierras, los bienes y a las mujeres. Para esta investigación es relevante conocer los roles de género masculinos que tienen los otomíes que conllevan derechos, responsabilidades y diferentes apropiaciones y pertenencias al territorio para entender cómo estas identidades de género, escritas en clave patriarcal, ser trasladadas en la migración al contexto de Texas.

Por su parte, las mujeres asumen roles de género que se consideran complementarios a los que realizan los hombres y se desarrollan principalmente dentro del espacio doméstico. Ellas se dedican en México al trabajo en el hogar, al cuidado y a la reproducción familiar, haciendo tareas como: Esto ocurre en casos especiales y que son cuando las mujeres, y su descendencia, habitan en sus pueblos de origen a causa de ser madres solteras, viudas o divorciadas. Estas mujeres carecen de una figura masculina que las respalde y represente a su descendencia por lo que deben responder por sí mismas y por sus hijos, situación que las lleva a ser consideras como ciudadanas otomíes.

El adoptar ese rol masculino en sus pueblos las obligadan a cumplir con las mismas responsabilidades que los varones, es decir ser parte de la organización social comunitaria y del sistema de cargos y fiestas. Recae sobre ellas un trabajo doble que las lleva a apoyarse en las redes familiares para poder cumplir con todas las obligaciones y expectativas que comunidad y familia pone sobre ellas. Esta situación hace que se encuentren expuestas a la violencia de género porque dentro del imaginario del patriarcado otomí: Las mujeres otomíes que llegaron casadas a la Metroplex tomaron en un inicio el rol de madres, cuidadoras y amas de casa, mismos que han aprendido en sus pueblos natales.

Las mujeres al lograran tener acceso a la administración y al control de los recursos económicos para la reproducción familiar pudieron comenzar una negociación con sus parejas para tener una participación activa, como jefas de familia, situación que en México hubiera sido imposible. Al entablarse nuevas relaciones de género, lograron liberarse tensiones resultado de la violencia machista que vivían en México, por ejemplo, Isabel dice: Pero hay muchas que no hacen nada… Entrevista a Lupita. María recuerda que hace 8 años, cuando vivía en Garland en casa de su tío, él se la pasaba discutiendo con su esposa, hasta que un día se agarraron a golpes, y la mujer agredida -quien es otomí oriunda de la Palma- llamó inmediatamente al para denunciar la agresión de su marido.

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Como su tío tiene la residencia norteamericana sólo obtuvo una multa, pero si hubiera estado como indocumentado, probablemente lo hubieran deportado a México. Los imaginarios de género otomíes con los que llegan hombres y mujeres van a irse transformando en este contexto migratorio, por lo que en Texas los roles de género otomíes se matizan y se van modificando. Esto hace que las mujeres se sientes libres de la opresión machista y muchas de ellas comiencen a vivir sus vidas sin temor a los hombres: Este tipo de violencia racistas se han expresado en contextos cotidianos en México, en donde la población mestiza los ha discriminado por su lengua originaria.

La discriminación racista, tanto en México como en Estados Unidos, se traduce en otras violencias. Entre ellas: Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia, se ha acrecentado el discurso racista que ha derivado en la criminalización de esta minoría social. Estando en la Metroplex, han jugado con las diferentes identidades que poseen para tejer redes sociales con otros actores externos a su grupo étnico. Algunas de las diversas identidades que poseen son las siguientes: Mediante estas redes sociales hacen un contrapeso ante las diferentes violencias mencionadas con anterioridad.

Esto lo han logrado a raíz del uso de su adscripción como hispanas.

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Estas son mujeres con las que las migrantes otomíes se han encontrado en los barrios en donde viven y también en el trabajo. Por su parte, los hombres han optado por fortalecer sus redes sociales a través de los identificadores de identidad étnica otomí. Como consecuencia, pueden verse como un grupo cerrado en donde se privilegia la identidad étnica sobre cualquier otra que pueden tener -mexicanos, latinos, hidalguenses, etcétera-. Esta forma de auto nombrarse como otomíes se materializa cuando ellos dicen que son de San Juanico, La Palma, El Espíritu, etcétera, porque los hombres son otomíes en la medida en que tiene raíces y pertenencia en su pueblo de Ixmiquilpan.

Los otomíes, en el Valle del Mezquital tienen un complejo religioso-ritual que se materializa en diversas fiestas, mayordomías y ritos de paso. Estas celebraciones son organizadas por los hombres pues son ellos los que pagan por el evento y son los que deciden cómo se deben realizar.

Estos santos tienen una fecha al año en la que se realiza una fiesta en su honor, la cual es costeada por todos los miembros de la comunidad, quienes invitan a sus familiares, amigos y conocidos de los pueblos vecinos para que vayan ese día a disfrutar de todo el ritual. Al envolver la carne tienen cuidando de dejar un hoyo en el centro de la cama de pencas para que el jugo de la carne escurra hacia el interior de la cazuela, que se colocó al fondo, y así se junta el consomé. Las reuniones se hacen en casa de alguna persona otomí, preferiblemente el fin de semana para que se puedan reunir a comer y convivir.

En estas reuniones los hombres son los encargados de preparar los alimentos, utilizan un asador de carne, mismo que han adoptado de la tradición norteamericana en donde son también los varones los que encargan de la parrilla. Al cabo de un rato, tras voltear las piezas, queda la comida lista para servirse. La tradición de que los hombres hagan la barbacoa ver imagen 3 sigue existiendo en la Metroplex, este es uno de los símbolos de masculinidad que los hombres ostentan y de la cual se sienten orgullosos, por lo que se esfuerzan en mantener su vigencia en la migración transnacional.

Es así que cuando van a celebrar alguna fiesta grande, se organizan para prepararla. Cabe destacar que el contexto texano les imprime una serie de dificultades que no tenían en sus pueblos y que identifico a continuación: Como en Texas no hay magueyes, importan las pencas desde México, y los encargados de llevar las pencas suelen ser los otomíes con documentos que se dedican al envío de paquetería entre Ixmiquilpan y la Metroplex.

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